En muchos de los veranos de mi infancia, las vacaciones familiares fueron en Chiloé, lugar de origen de mi padre, donde aún se encuentra toda la familia que le sobrevive.
Entre esos gratos hitos que conforman mis recuerdos, están las cosechas de papas, las trillas de trigo y cebadilla, un curanto o una entretenida “Maja de Manzana”, proceso mediante el cual se obtiene el jugo esta fruta, que más tarde se trasformará en “chicha de manzana”. Realmente cada un a de estas labores agrícolas de convertían en grandes fiestas familiares, donde creo que éramos los niños los que mas disfrutábamos.
Y por que tanto recuerdo?
Sucede que el fin de semana me cursaron una linda invitación y fui, muy de “turista” a observar una “Trilla a yegua suelta”, organizada con fines más turísticos que productivos, pero que al fin y al cabo, son parte de las actividades sostienen de un hilo, las más antiguas tradiciones del campo Chileno.
El municipio de Puchuncaví invitó a la trilla y además a un almuerzo Campestre, con un plato de cazuela, otro de charquicán y como postre, mote con huesillos... todo este ambiente rodeado de un sol implacable, y de un escenario donde no pararon de sonar las rancheras.
Si bien este escenario no es tal cual, los vividos en la infancia, bien me hizo rememorar aquellas vacaciones de niñez, y recordar que “estamos de vacaciones” y que tal vez sea bueno volver acercarse al sur y las tradiciones.



